Ante la aparición fenoménica de un otro se tienen tres alternativas: o es una percepción subjetiva (idealismo), un objeto del mundo como dato empírico (realismo), o bien, un otro-yo (alter-ego) que escapa a mi control en tanto que no es un objeto o forma parte pasiva de mi percepción. Desde las Meditaciones metafísicas de Descartes estoy seguro de mi existencia en tanto que ego, pero ¿cómo estar seguro de que el otro existe y que no es una construcción arbitraria de mi pensamiento?, desde el cogito, el otro es sólo un dato dado a mi conocer; reconocer su existencia es de manera preliminar un salto en el vacío. El encuentro con el otro trasciende por mucho el cogito cartesiano, lo que el otro piensa, el alter-cogito, nunca será certeza para mí, sólo hay un puente provisional y endeble: la comunicación.
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