sábado, 21 de marzo de 2009

¿Por qué pensar la Comunicación desde la Ontología?

Teoría de la comunicación, uno de esos temas fascinantes que la literatura no había pensado todavía por su cuenta hasta que aparecieron los Huxley o los Borges de la nueva generación.
Julio Cortázar. Rayuela


Una herencia del pensamiento socrático consiste en la enseñanza de que tal vez no hay terreno más fértil para la ciencia y el conocimiento que la pregunta. Lacan nos enseña que no es posible el lenguaje si no se pierde el objeto. Podemos aceptar, entonces, con relativa facilidad, que no es posible el conocimiento si no se pierde la certeza, la certeza que nos cobija y consuela en la vida cotidiana.

Una pregunta memorable por su potencia conceptual, pero también por la profundidad de sus palabras, es aquella que de acuerdo con Martin Heidegger funda el conocimiento ontológico: "¿Por qué es el ente y no más bien la nada?", cuestionamiento que muchos hemos experimentado, sin duda con otras palabras más inocentes, en algún momento de la vida. Cuestionamiento que funda y reviste un saber.

Prácticamente ninguna ciencia madura ha crecido sin hacerse alguna pregunta similar correspondiente a su demarcación epistemológica. Así, por citar el ejemplo de la ciencia que es sinónimo de "cientificidad" y solidez, la física no pudo construir sus cimientos sin la pregunta de los griegos, especialmente de Aristóteles, sobre cómo es posible el movimiento.

¿Y qué sucede con la comunicación?, considerada por algunos como la ciencia más joven y tal vez la última en ser llamada a constituirse. Hasta los años 70 y 80 la actividad científica en comunicación era más bien descriptiva y deudora de los avances de otras ciencias (sociología, psicología, antropología, cibernética), pero nadie planteaba la interrogación seminal para una ciencia. El primer autor, y único hasta el momento en que he encontrado una inquietud semejante, que se aventuró a construir una pregunta de ese tamaño (y posteriormente a tratar de resolverla) fue el español Manuel Martín Serrano, desde el momento en que se interroga "¿cómo es posible que sea posible comunicar?" (en "Teoría de la Comunicación. Epistemología y análisis de la referencia", p. 73).

Cuando uno atiende a tal cuestión de manera sensible, resulta en realidad escalofriante, pues en efecto ¡¿Cómo es posible esta actividad tan cotidiana?! He ahí, ante nuestro ojos, la interrogación que funda una ciencia. Es el mismo autor quien se aventura, algo que le ha ocupado por más de 20 años, en averiguar tales aspectos que hacen posible la existencia de la comunicación; sus respuestas, reunidas en una matriz comunicológica, han llamado a colaboración a la física, biología, semiótica, psicología, antropología, semiótica y más recientemente a la paleontología. Ciertamente nos ha dicho mucho, en el territorio de la ciencia falseable (Martín Serrano es ante todo un científico que no oculta su convicción formada desde Karl Popper), sobre los aspectos físicos, evolutivos y culturales que posibilitan la comunicación. Si la interrogación se acabase ahí, estaríamos ante una ciencia acabada, y todo comunicólogo medianamente informado sabe que estamos lejos de ese punto, como todo filósofo medianamente informado sabe que ninguna ciencia llega a tal punto.

Si llevamos este dispositivo de interrogación, una especie de martillo hidráulico, a niveles inferiores, subterráneos, nos encontramos con que no sólo se requiere que la vida en su recorrido evolutivo sea de tal o cual manera para que la comunicación sea posible, que las leyes físicas sean de tal o cual manera o que la cultura y sociedad se desarrollen para que la comunicación humana sea posible; también es necesario que el Ser en general tenga una manera de ser que posibilite acaso la existencia de la comunicación, pues si el ser fuera esencia (como pretenden las metafísicas platónico-aristotélicas) no podríamos explicar el equivoco, el engaño, el malentendido, la comunicación sería una perfecta "transmisión" de información que permanece inalterada entre un Emisor y un Receptor (como pretende el Funcionalismo); si, por otro lado el ser fuera simple apariencia, un fenómeno separado del noúmeno (esta tradición es Kantiana), la comunicación no sería posible más que como una máscara provisional, un engaño, que no permitiría el consenso, la acción compartida ni el acuerdo. Así pues, la pregunta que interroga por la comunicación nos lleva a la pregunta por el Ser.

El Ser, para que la comunicación exista, debe tener una forma de ser en que exista la diferencia (en la que coexisten como posibles el acuerdo y el desacuerdo, el y el no a la vez que la indiferencia). Para que la comunicación tal como la experimentamos en la vida cotidiana exista, es necesario que el Ser no sea esencia pero tampoco apariencia. Una tradición en Ontología, la fenomenológica, es la que a mi consideración concibe al Ser de esta tercera manera, y es tal vez el mejor punto de partida para interrogar al Ser en torno a la existencia de la comunicación.

Tal es la intención de la Tesis cuyas ideas, intenciones y preguntas serán puestas en este blog. El punto que debe quedar claro para iniciar esta discusión es que para construir una ciencia de la comunicación (en otras palabras, preguntarse cómo es posible la existencia de su objeto de estudio), no podemos evadir la pregunta sobre cómo tiene que ser el Ser para que la comunicación acaso exista. Ya Heidegger nos alertaba al respecto en su Introducción a la Metafísica, a propósito de la pregunta ontológica, al decir que "ningún problema científico se comprende a sí mismo si no comprende la pregunta de todas las preguntas ¿Por qué es el ente y no más bien la nada?"

Cśar.


Presentación y sentido del blog

Este blog surge a partir de la sugerencia de mi colega y buen amigo Ernesto Juárez; se trata de ir sacando algunas de las ideas que han ido surgiendo en el desarrollo de la investigación para mi Tesis de licenciatura. Al publicarlas, primero, se ponen a prueba ante la opinión y juicio de los visitantes, amigos y colegas de ésta (comunicación) y otras disciplinas; segundo, se aprovechan las bondades de la lógica del web 2.0, de tal manera que es posible publicar algunas ideas sin intermediarios (sean de carácter académico, económico o editorial), de la mano de la folcsonomía; tercero, es una guía y recordatorio para mí mismo de los hallazgos y cuestiones relevantes que surjan en el proceso, una especie de bitácora de investigación que en este caso no se enmarca en la investigación empírica.

El propósito de mi Tesis es, a final de cuentas, la construcción de conocimiento, pero tengo muy presente que el conocimiento no se forma en el camino del soliloquio sino en la contrastación, sugerencia y diálogo con los Otros, así que espero que esta humilde plataforma despierte el interés, crítica y sugerencia de quien lo visite.

Agradezco de antemano a todo aquél que se acerque a mirar y pueda tener algo para ampliar mi panorama.

Cśar.